
De la euforia mundialista a la recesión: sobrestock, fábricas paralizadas y caída histórica del consumo
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La industria electrónica de Tierra del Fuego atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. La apertura de importaciones impulsada por el Gobierno Nacional, sumada al derrumbe del consumo interno y al deterioro del salario real, provocó una fuerte reducción en la actividad fabril y una pérdida masiva de puestos de trabajo.
El contraste con el escenario de 2022 resulta contundente: mientras aquel año estuvo marcado por un boom de producción y empleo motorizado por el consumo masivo y el Mundial de Qatar, el primer trimestre de 2026 expone fábricas paralizadas, líneas de montaje vacías y una economía local profundamente resentida.
Durante el primer trimestre de 2022, las plantas electrónicas de Río Grande y Ushuaia operaban prácticamente al máximo de su capacidad instalada. Las políticas nacionales de protección arancelaria y los programas de financiamiento en cuotas impulsaban el consumo de productos fabricados en la isla.
En ese contexto, las ventas de televisores crecieron un 24% interanual, mientras la producción anual superó los 3 millones de unidades. Ese crecimiento tuvo un correlato directo en el empleo: la industria electrónica metalúrgica fueguina sostuvo un promedio de 8.072 trabajadores, llegando incluso a picos cercanos a los 10.500 operarios durante el segundo semestre del año.
La situación cambió drásticamente en 2026
Según datos vinculados al consumo interno nacional, las ventas de electrodomésticos y artículos del hogar registraron una caída real del 12,4% en el primer trimestre del año, mientras que el comercio electrónico sufrió un desplome superior al 22%.
A ese escenario se sumó una de las medidas más sensibles para el régimen industrial fueguino: la eliminación total de aranceles para la importación de teléfonos celulares terminados, oficializada por el Gobierno Nacional a mediados de enero.
La medida modificó por completo la lógica productiva del sector. Al perder protección aduanera, muchas empresas comenzaron a reemplazar el ensamblado local por la importación directa de dispositivos terminados, reduciendo líneas de producción y ajustando costos mediante recortes de personal.
Un informe reciente de la consultora FINNOVA indicó que la producción electrónica se contrajo un 54,8% interanual en el arranque de 2026.
En paralelo, el denominado “techo paritario” aplicado por la Secretaría de Trabajo de la Nación también impactó de lleno sobre la actividad. La decisión de no homologar acuerdos salariales por encima de la inflación oficial deterioró el poder adquisitivo y profundizó la caída del consumo de bienes durables como televisores, celulares y aires acondicionados.
La pérdida de empleo y el impacto económico
El cruce de datos entre el consumo interno y la actividad fabril muestra la magnitud de la crisis.
Durante el primer trimestre de 2026, la industria electrónica fueguina perdió en promedio 2.641 puestos de trabajo respecto de 2022. Marzo reflejó el peor escenario: apenas 5.239 trabajadores activos en toda la provincia, lo que representa una diferencia de 2.899 operarios menos en comparación con el mismo período de hace cuatro años.
El impacto no se limita a las fábricas.
Tomando un salario promedio estimado en 2 millones de pesos por trabajador, la economía provincial dejó de recibir aproximadamente 5.282 millones de pesos mensuales por la pérdida de empleo industrial. En términos anuales, el dinero que dejó de circular en Río Grande y Ushuaia supera los 68.600 millones de pesos.
Ese freno económico comenzó a reflejarse con fuerza en el comercio local.
Desde la Cámara de Comercio de Río Grande, su presidente José Luis Iglesias advirtió que el inicio de 2026 presenta un panorama “alarmante”, con una caída de ventas estimada entre el 20% y el 30%.
“Río Grande es chica, se ven los negocios vacíos. Sobran metros cuadrados y la facturación es escasa”, describió el dirigente mercantil al analizar el deterioro del consumo local.
A su vez, comerciantes señalaron que cerca del 90% de las compras se realizan actualmente con tarjeta de crédito, mientras crecen los niveles de endeudamiento y morosidad, incluso en operaciones vinculadas a alimentos básicos.
La desaceleración económica también quedó reflejada en el consumo energético industrial. Informes técnicos regionales indican que el uso de electricidad en las grandes plantas alcanzó mínimos históricos que no se observaban desde 2015.
El escenario actual refleja un profundo cambio en la matriz económica de Tierra del Fuego. La combinación de apertura importadora, caída del mercado interno y pérdida del poder adquisitivo generó un fuerte retroceso de la industria electrónica, principal motor económico de la provincia.
La reducción de puestos de trabajo no solo afecta a las plantas fabriles, sino que también impacta sobre el comercio, los servicios y el movimiento económico general de Río Grande y Ushuaia.
Mientras las líneas de producción se apagan, la crisis comienza a sentirse cada vez con mayor intensidad en toda la economía fueguina.


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