
Gerardo Mansilla y su historia en Malvinas: el rol del buque Punta Médanos en plena guerra
19640 Noticias
El veterano de guerra Gerardo Mansilla, oriundo de Añatuya, Santiago del Estero, compartió en diálogo con 19640 Noticias su historia de vida, su paso por la Armada Argentina y su participación en la Guerra de Malvinas de 1982, un conflicto que lo marcó para siempre y que hoy recuerda desde Río Grande, la ciudad que eligió para quedarse.
Mansilla contó que ingresó a la Armada Argentina a los 18 años y que, a partir de entonces, recorrió distintos destinos a lo largo del país. Durante su carrera pasó por Zárate, Río Santiago, Puerto Belgrano, Ushuaia y también participó en navegaciones hacia la Antártida y en un viaje fraternal a Brasil.
Posteriormente realizó el curso de suboficiales en el Centro de Instrucción y Adiestramiento de Operaciones de la Base Naval Puerto Belgrano, hasta que en plena preparación recibió una orden que cambiaría su destino.
El paso voluntario hacia la guerra
Mansilla recordó que, mientras realizaba el curso, junto a otro compañero fueron convocados a presentarse en el Comando de Operaciones Navales. Allí les informaron que debían embarcar en dos buques distintos: uno de ellos era el ARA Cabo San Antonio y el otro, el Punta Médanos, donde finalmente le tocaría actuar durante la guerra.
Al llegar al barco, el oficial de guardia le advirtió que en realidad no había solicitado a alguien de su jerarquía, pero al saber que estaba dispuesto a participar, lo recibió a bordo.
“Si usted es voluntario, es bienvenido a bordo”, recordó Mansilla sobre aquel momento decisivo.
El veterano reconoció que su participación fue voluntaria y que, como muchos jóvenes de la época, imaginaba que algún día le tocaría vivir una guerra.
“Siempre decía que me gustaría participar en una guerra. Era una idea de muchacho joven, de alguien que había elegido la carrera militar”, explicó.
El rol del Punta Médanos en la Guerra de Malvinas
Durante el conflicto, Gerardo Mansilla cumplió funciones en el área de comunicaciones a bordo del Punta Médanos, un buque tanque petrolero que tenía una misión fundamental dentro de la estructura naval argentina.
Según explicó, el barco no estaba destinado al combate directo, sino al reabastecimiento de combustible de los buques de guerra que sí operaban en zonas de mayor riesgo.
“Éramos una estación de servicio flotante”, resumió.
El Punta Médanos se abastecía en tierra y luego navegaba hasta donde estaban desplegados los barcos argentinos para reaprovisionarlos de combustible y permitir así la continuidad de las operaciones.
Aunque aclaró que no pisó suelo malvinense porque permaneció de guardia a bordo, sí remarcó que el buque participó de la logística naval durante la guerra y que por momentos ingresaba a zonas de peligro para cumplir con su tarea.
“Teníamos que acercarnos a los barcos que estaban esperando combustible. A veces entrábamos en zonas peligrosas, pero era parte del rol que nos tocaba”, recordó.
La guerra, los compañeros y el recuerdo que permanece
Mansilla aseguró que vivió aquella etapa con serenidad, aunque también reconoció que no todos reaccionaban de la misma manera dentro del barco.
Recordó que, en algunas ocasiones, el temor de ciertos tripulantes generaba tensión a bordo, hasta que un superior decidió poner orden para mantener la disciplina en medio de un contexto delicado.
Sin embargo, a más de cuatro décadas del conflicto, lo que más lo conmueve son los compañeros que no regresaron.
Entre ellos, mencionó especialmente al cabo Alancay, quien también se había ofrecido como voluntario y murió en el ataque al Aviso ARA Alférez Sobral.
“Es una muerte que siento muchísimo”, expresó.
Mansilla recordó que compartió mucho tiempo con él dentro de la Armada y que su pérdida sigue presente cada vez que llega el aniversario del 2 de abril.
“Voy al monumento, toco la plaqueta, me persigno y le pregunto cómo anda, como si todavía estuviera presente”, contó.
La llegada a Río Grande
Finalizada la guerra, Mansilla continuó un tiempo más en la Armada, pero una situación personal lo llevó a tomar una decisión importante.
Contó que uno de sus hijos sufría convulsiones y que, tras una evaluación médica, una pediatra les recomendó mudarse a Tierra del Fuego por razones de salud.
Así fue como en diciembre de 1984 llegó a Río Grande, ciudad en la que se radicó definitivamente.
“Me vine a Río Grande y ya no me moví más de acá”, afirmó.
Desde entonces construyó su vida en la ciudad fueguina, donde también nació una de sus hijas.
Una familia formada en el sur
Gerardo Mansilla es padre de tres hijos: uno nació en Ushuaia, otro en Buenos Aires y la menor nació en Río Grande en 1986.
Actualmente se encuentra en una segunda relación y aseguró que toda su familia está afincada en la provincia.
Con el paso de los años, el excombatiente adoptó plenamente la vida fueguina y reconoció que ya no se imagina viviendo en otro lugar.
“Ya estoy re adoptado a Tierra del Fuego. Más de diez días afuera no quiero estar porque el calor se me hace insoportable”, relató.
“En Río Grande se malviniza de verdad”
A 44 años de la Gesta de Malvinas, Mansilla destacó especialmente el lugar que ocupa Río Grande en la construcción de memoria sobre la causa.
El veterano valoró el compromiso de la comunidad, de las escuelas y de las nuevas generaciones, y remarcó que en la ciudad la malvinización es una tarea real y permanente.
“Acá se está malvinizando mucho. La docencia, los alumnos, los jóvenes, todos le están dando fuerza a la causa”, sostuvo.
Para Mansilla, ese proceso es una de las mayores satisfacciones que le dejó su vida en la provincia.
“Ahora los chicos saben que las Malvinas son argentinas, que fueron usurpadas y que hay una historia que no se puede olvidar”, afirmó.
A más de cuatro décadas del conflicto, Gerardo Mansilla sigue recordando a sus compañeros caídos, valorando el compromiso de los veteranos y celebrando que en Río Grande la causa Malvinas siga viva, no como una fecha aislada, sino como una convicción colectiva que se transmite de generación en generación.


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