
“Vamos a seguir malvinizando”: Roma Alancay recordó su experiencia en la guerra y el rol del rompehielos Irízar
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En el marco del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas, el veterano Roma Alancay compartió su historia y su experiencia durante la guerra de 1982, donde participó como integrante de la Armada Argentina a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar.
Oriundo de la provincia de Jujuy, Alancay ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada en 1979 y tuvo como primer destino el crucero ARA General Belgrano. Sin embargo, semanas antes del conflicto fue trasladado al Irízar, sin saber que formaría parte de una operación histórica.
Con 21 años, integró el área de servicios generales del buque, que inicialmente cumplía funciones logísticas. “No sabíamos lo que estaba pasando, creíamos que era un adiestramiento más”, recordó.
A fines de marzo de 1982, el barco zarpó desde Buenos Aires hacia Puerto Belgrano y luego hacia el sur, en medio de un fuerte despliegue militar. Durante la navegación, recibieron la confirmación: Argentina avanzaba en la recuperación de las Islas Malvinas.
El 2 de abril, Alancay fue parte del operativo de apoyo logístico durante el desembarco de las tropas. “Los primeros en bajar fueron los comandos, nosotros brindábamos apoyo”, explicó.
Tras las primeras operaciones, el Irízar regresó al continente para reabastecerse y luego volvió a la zona de conflicto. El 2 de mayo, la noticia del hundimiento del ARA General Belgrano lo golpeó de lleno, ya que había formado parte de su tripulación. “Fue un dolor muy grande, tenía compañeros ahí”, expresó.
Con el avance de la guerra, el rompehielos fue reconvertido en buque hospital, siendo acondicionado en tiempo récord para asistir a los heridos. “Se prepararon más de 200 camas para recibir a los soldados”, detalló.
Durante los últimos días del conflicto, Alancay permaneció a bordo del Irízar frente a Puerto Argentino, donde vivió intensos bombardeos. “Las últimas noches fueron terribles, no se podía dormir, era constante”, recordó.
Tras el cese de fuego del 14 de junio, el buque cumplió un rol clave en la evacuación de heridos hacia Ushuaia y el continente. En ese contexto, protagonizó un emotivo reencuentro con su cuñado, quien también había sido enviado a combatir.
Años después, ya como personal de carrera, fue trasladado a Río Grande en 1996, ciudad donde decidió radicarse definitivamente junto a su familia. Desde entonces, se involucró activamente en la comunidad de veteranos y en la Vigilia por Malvinas.
A 44 años del conflicto, Alancay remarcó la importancia de mantener viva la memoria: “Nuestro deber es recordar a los que quedaron en Malvinas. Vamos a seguir malvinizando y transmitiendo esta causa a las nuevas generaciones”.


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