
Juan Gregorio Laraignee: la historia del veterano de Malvinas que hoy mantiene viva la memoria en Río Grande
19640 Noticias
En el marco del 44° aniversario de la Guerra de Malvinas, que se conmemora este 2 de abril, el veterano Juan Gregorio Laraignee compartió con 19640 Noticias su historia de vida, marcada por su participación en el conflicto del Atlántico Sur y por el camino que lo llevó años después a radicarse definitivamente en Río Grande.
Laraignee ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada cuando tenía apenas 16 años, con la intención de iniciar una carrera como suboficial. Tras completar su formación militar, eligió la especialidad de cocinero, una función clave dentro de la estructura de cualquier buque militar.
Luego de finalizar su instrucción fue destinado a Puerto Belgrano, donde recibió su primer gran destino: el portaaviones ARA 25 de Mayo, uno de los buques más importantes de la Armada Argentina.
“Cuando llegamos fue una sorpresa enorme, porque no teníamos idea de lo grande que era el barco”, recordó.
El inicio de la guerra
A comienzos de 1982, cuando el conflicto por las islas Malvinas comenzó a escalar, Laraignee tenía 18 años y ya se encontraba adaptado a la vida de navegación.
El 28 de marzo de ese año el portaaviones zarpó como en tantas otras maniobras navales. Sin embargo, al día siguiente llegó una noticia que cambiaría la historia de todos los tripulantes.
“Nos avisaron que íbamos a recuperar Malvinas. Fue una noticia shockeante. No lo esperábamos”, relató.
Aunque la noticia generó sorpresa, también despertó un fuerte sentimiento de patriotismo entre los jóvenes marinos.
“Había una mezcla de alegría porque se iba a recuperar algo que estaba usurpado hacía tantos años, pero también era impactante porque sabíamos que podía venir un conflicto”, explicó.
La vida a bordo del portaaviones
En el ARA 25 de Mayo viajaban más de 1.300 personas, entre tripulación fija, pilotos, mecánicos y personal de apoyo. Cada uno tenía un rol específico dentro del funcionamiento del buque.
En el caso de Laraignee, su tarea era trabajar en la cocina junto a más de veinte compañeros.
“Todo era un engranaje. El artillero tenía su puesto, los pilotos el suyo, los mecánicos también. Nosotros teníamos que cumplir con la comida para todos”, contó.
El portaaviones cumplía funciones estratégicas dentro de la operación militar, ya que desde su cubierta podían despegar aviones que brindaban apoyo a otras unidades navales.
Según recordó el excombatiente, el buque llegó a navegar muy cerca de las islas.
“Estuvimos casi en la costa. Ese día había mucha neblina y no se veía bien, pero estábamos muy cerca”, señaló.
El momento en que comprendieron que estaban en guerra
Con el avance del conflicto y la llegada de la flota británica, la situación cambió rápidamente. Fue entonces cuando la tripulación recibió la confirmación de que el enfrentamiento ya era una guerra.
“Cuando nos dijeron que ya estábamos en guerra fue un shock. Teníamos 18 años y algunos compañeros eran todavía más chicos”, recordó.
El temor era inevitable.
“Pensábamos en todo. En si íbamos a volver o no. En nuestras familias. Mi mamá ni siquiera sabía bien dónde estaba”, relató.
A pesar de la incertidumbre, cada integrante del barco debía continuar cumpliendo su función con precisión militar.
“Todos teníamos que seguir trabajando. Era un engranaje que no podía fallar”, explicó.
El regreso y una nueva etapa de vida
Tras el final del conflicto, Laraignee continuó algunos años más en la Armada. Finalmente decidió pedir la baja y en 1985 dejó la fuerza, luego de cumplir el contrato que había firmado al ingresar.
Regresó primero a Olavarría, su ciudad natal, pero el destino le tenía preparado otro camino.
Con apenas 21 años decidió viajar a Río Grande, donde ya vivía una de sus hermanas. En aquellos años la ciudad era muy distinta a la actual.
“Era mucho más chica. El frío era durísimo y al principio se hacía changas porque no era fácil conseguir trabajo”, recordó.
Con el tiempo logró ingresar a trabajar en una fábrica y allí conoció a Patricia, quien luego se convertiría en su esposa.
“Nos conocimos trabajando y a los pocos meses nos casamos”, contó.
Hoy, más de tres décadas después, el veterano de Malvinas es padre de siete hijos y lleva 36 años de matrimonio.
El orgullo de malvinizar
Actualmente Laraignee participa activamente en actividades vinculadas a la memoria de la guerra. Junto a otros veteranos visita escuelas, participa en actos y forma parte de iniciativas destinadas a transmitir la historia a las nuevas generaciones.
“Siempre esperamos esta fecha con orgullo. Vamos a los colegios, participamos en los actos y seguimos malvinizando”, expresó.
En ese sentido, destacó especialmente el acompañamiento de la comunidad fueguina hacia los excombatientes.
“Uno vino de afuera, pero adoptamos esta tierra. El apoyo de la gente de Río Grande y de toda Tierra del Fuego es algo que nos llena de orgullo”, afirmó.
A 44 años de la gesta de Malvinas, el veterano aseguró que mantener viva la memoria es una responsabilidad que sienten profundamente.
“Tenemos que seguir transmitiendo esta historia para que las nuevas generaciones conozcan lo que pasó y mantengan viva la causa Malvinas”, concluyó.




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