
Eduardo Javier Ojeda: la historia del veterano de Malvinas que desembarcó en las islas durante la Operación Rosario
19640 Noticias
En el marco del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas, que se conmemora cada 2 de abril, el veterano de guerra Eduardo Javier Ojeda compartió su historia y su experiencia durante el conflicto de 1982 en diálogo con 19640 Noticias.
Ojeda ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada con apenas 15 años, iniciando una formación militar que lo llevaría, pocos años después, a participar en uno de los momentos más importantes de la historia argentina.
Tras finalizar su formación fue destinado al buque de desembarco ARA Cabo San Antonio, una embarcación clave dentro de la Armada Argentina que tenía la misión de transportar infantes de marina, vehículos anfibios y equipamiento militar.
Dentro del barco, su rol era el de timonel y telefonista de maniobra, lo que implicaba transmitir las órdenes del comandante a todos los sectores del buque.
“Todas las órdenes que daba el comandante yo tenía que transmitirlas al interior del barco: a máquinas, a puestos de combate, a maniobras o a zafarrancho de abandono”, recordó.
El momento en que comprendieron que iban a Malvinas
El veterano relató que a fines de marzo de 1982 comenzaron a notar que algo diferente estaba ocurriendo durante las maniobras militares.
El 26 de marzo, mientras regresaban de ejercicios en el Golfo Nuevo, en Puerto Madryn, recibieron la orden de desembarcar algunos vehículos y luego volver a cargar otros nuevos, junto con una gran cantidad de víveres y armamento.
A diferencia de otras navegaciones, el barco embarcó 900 infantes de marina, su capacidad máxima, además de personal del Ejército.
“También empezaron a embarcar municiones de combate. Las de práctica son azules y las de combate son rojas. Ahí nos dimos cuenta de que algo distinto estaba pasando”, relató.
Esa misma noche el buque zarpó desde Puerto Belgrano escoltado por el resto de la flota naval argentina.
Fue entonces cuando el comandante informó a la tripulación la verdadera misión.
“Nos dijeron que habían pasado 150 años y que éramos los elegidos para recuperar las Malvinas. La operación se iba a llamar Operación Rosario”, recordó.
En ese momento Ojeda tenía 18 años y el grado de Cabo Segundo.
“Para mí fue una emoción enorme. Era recuperar una tierra que es nuestra”, afirmó.
El desembarco en Malvinas y el bautismo de fuego
Durante la madrugada del 2 de abril de 1982, el buque ingresó al Golfo San Carlos, a unos 300 o 400 metros de la costa de las islas.
Desde el barco comenzaron las maniobras para iniciar el desembarco de los vehículos anfibios que transportarían a los infantes de marina hacia la playa.
En ese momento se produjo el primer enfrentamiento.
“Cuando empezamos la maniobra nos atacaron desde la costa. Se veían tres pelotas rojas en el cielo que venían hacia el barco”, relató.
Ante el ataque, el comandante ordenó que toda la tripulación se tirara cuerpo a tierra dentro del buque.
“Las bombas cayeron cerca del barco y explotaron en el agua. Nos cayó una ola enorme encima. Ese fue nuestro bautismo de fuego”, recordó.
Pese al ataque, la operación continuó y los 18 vehículos anfibios lograron desembarcar en la playa.
Horas más tarde, los infantes de marina informaron que habían tomado posiciones en las islas.
El único buque de guerra que ingresó al puerto de Malvinas
Luego del desembarco, el ARA Cabo San Antonio se trasladó hasta el puerto de las islas.
Según relató Ojeda, ese buque fue el único barco de guerra argentino que ingresó al puerto de Malvinas durante la operación inicial.
Allí permanecieron hasta el 3 de abril, cuando recibieron la orden de regresar hacia el continente.
El barco se dirigió primero hacia Río Grande, donde desembarcaron vehículos anfibios destinados a reforzar la defensa de la ciudad.
Otra misión en medio de la guerra
El veterano también recordó una de las misiones más complejas que enfrentaron durante el conflicto.
Luego del hundimiento del crucero General Belgrano, el buque recibió la orden de rescatar al Aviso ARA Alférez Sobral, que había sido atacado y quedado a la deriva.
“Nos dijeron que teníamos que dormir con salvavidas y tener una bolsa con ropa preparada porque el submarino que hundió al Belgrano estaba cerca”, contó.
Tras varios días de navegación lograron encontrar al barco, donde había tripulantes heridos y más de una decena de fallecidos.
Los heridos fueron evacuados mediante helicóptero y luego el Cabo San Antonio remolcó al buque dañado hasta Puerto Deseado.
El regreso y la vida en Río Grande
Tras el final del conflicto, Ojeda continuó prestando servicio en la Armada y con el tiempo decidió establecerse en Río Grande, donde su familia ya residía.
El veterano nació en Corrientes, pero su padre —suboficial de Infantería de Marina— había sido trasladado al Batallón de Infantería de Marina N°5, en esta ciudad.
Con el paso de los años Ojeda formó su propia familia junto a Leticia, su esposa, con quien comparte su vida desde la adolescencia.
“Estamos juntos desde que yo tenía 15 años. Nos conocimos cuando entré a la escuela militar”, contó.
Hoy llevan más de cuatro décadas juntos y tienen cinco hijos.
Mantener viva la memoria de Malvinas
A 44 años del conflicto, el veterano reconoce que cada aniversario despierta recuerdos intensos y un profundo sentimiento de orgullo.
La causa Malvinas continúa siendo una parte fundamental de su vida y de la identidad de Río Grande, ciudad que cada año se convierte en el epicentro de la Vigilia por Malvinas.
“Es una emoción muy grande recordar todo lo que vivimos y saber que seguimos manteniendo viva la memoria”, expresó.


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