
La industria textil profundiza su crisis: cayó 24,4% la producción y cerraron 750 establecimientos
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La industria textil argentina profundizó su crisis durante 2026, con una caída de la producción del 24,4% interanual durante el primer semestre, muy por encima del retroceso registrado por el conjunto de la industria. El deterioro también impactó sobre el empleo y la cantidad de establecimientos activos: desde diciembre de 2023 se perdieron 26.851 puestos de trabajo formales y cerraron 750 establecimientos textiles y de confección.
Los datos surgen del informe mensual de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que advierte sobre un escenario marcado por la menor actividad, la caída de la inversión, una elevada capacidad instalada ociosa y un cambio en la composición de las importaciones.
Durante el primer semestre, la producción textil cayó 24,4% interanual, mientras que la industria en general registró una baja considerablemente menor, del 2,2%. La diferencia evidencia el fuerte desacople que atraviesa el sector respecto del resto de la actividad manufacturera.
Uno de los principales indicadores del deterioro aparece en la utilización de la capacidad instalada. En junio, las fábricas textiles trabajaron apenas al 46,6% de su capacidad, 12,5 puntos porcentuales por debajo del promedio industrial.
Si bien el indicador mostró una mejora de 4,4 puntos respecto de mayo, quedó todavía 3,8 puntos por debajo del nivel registrado en junio de 2025. El dato confirma que el repunte mensual no alcanzó para revertir una tendencia negativa que se extiende desde hace más de dos años.
Dentro de la cadena productiva, algunos segmentos registraron caídas todavía más pronunciadas. La producción de tejidos y acabados se desplomó 36,3% durante el primer semestre, mientras que los hilados de algodón retrocedieron 21,4% y otros productos textiles disminuyeron 18,3%.
El impacto no se concentra solamente en los productos terminados. La caída también alcanza a etapas intermedias de la cadena productiva, como hilados y tejidos, que funcionan como insumos para otras actividades textiles. La menor producción de estos eslabones reduce la disponibilidad de insumos y profundiza las dificultades del resto del sector.
En junio, el segmento textil registró una caída interanual del 15,9%, mientras que prendas de vestir, cuero y calzado retrocedieron 8,4%. En contraste, el conjunto de la industria mostró un crecimiento del 2% durante el mismo período.
La fuerte capacidad ociosa también limita el margen de las empresas para trasladar sus mayores costos a los precios. Con una demanda deprimida y una parte importante de las fábricas funcionando por debajo de su potencial, los productores enfrentan dificultades para aumentar los valores sin perder ventas frente a competidores locales o productos importados.
Los precios reflejan parte de esa situación. En julio, las prendas de vestir, cuero y calzado registraron un aumento interanual del 11,5%, muy por debajo del 33,8% del nivel general. En el mercado mayorista, los productos textiles aumentaron 18,4%, frente al 29,5% correspondiente al conjunto de las manufacturas.
El deterioro de la actividad también se trasladó directamente al mercado laboral. En mayo, el conjunto de los sectores de textil, confección, cuero y calzado contabilizó 93.952 puestos de trabajo formales, 16.244 menos que un año atrás y 26.851 menos que en diciembre de 2023.
Solo durante el último mes relevado se perdieron otros 1.229 empleos, reflejando el impacto que la caída de la producción está teniendo sobre las fuentes laborales.
A la pérdida de puestos de trabajo se suma la reducción en la cantidad de empresas activas. En mayo se contabilizaron 1.950 establecimientos textiles y 2.354 de confección, 515 menos que un año antes.
Desde diciembre de 2023, ambos sectores acumulan el cierre de 750 establecimientos, lo que representa un promedio cercano a 30 cierres mensuales durante más de dos años.
A este escenario se suma la evolución del comercio exterior y, particularmente, el crecimiento de las importaciones de productos terminados. Entre enero y julio, las importaciones de la cadena textil alcanzaron 181.000 toneladas por 925 millones de dólares, con una caída del 19,7% en volumen y del 8,5% en valor frente al mismo período del año anterior.
Sin embargo, detrás de la disminución general aparece un cambio significativo en la composición de las compras externas. Las importaciones de materias primas cayeron 26,7%, mientras que las de hilados bajaron 45,2% y las de tejidos planos 52,2%.
Al mismo tiempo, las compras externas de prendas terminadas aumentaron 60,1% y las de confecciones crecieron 25,8%.
El cambio implica que ingresan menos insumos para ser procesados por las fábricas argentinas y más productos que llegan directamente terminados desde el exterior. FITA sintetizó esta situación al advertir que “no ingresa menos producto importado, ingresa terminado en lugar de insumo”.
Los datos, de todos modos, no permiten atribuir exclusivamente a las importaciones la caída de la producción nacional. Sin embargo, muestran un cambio en la estructura del comercio exterior que coincide con el fuerte deterioro que atraviesa la industria local.
Las exportaciones presentan una evolución diferente, aunque todavía insuficiente para compensar el escenario interno. Entre enero y julio, las ventas externas de toda la cadena aumentaron 61% en dólares y 51,1% en volumen.
El crecimiento, sin embargo, estuvo concentrado principalmente en los hilados, cuyas exportaciones aumentaron 248,7%. En cambio, las exportaciones de confecciones cayeron 36,1%, las prendas retrocedieron 6,6% y otros productos textiles disminuyeron 40,8%.
Así, la mejora de las exportaciones todavía no alcanza para revertir el deterioro general de la cadena. Menor producción, pérdida de empleos, cierre de establecimientos, baja inversión y mayor presencia de productos terminados importados conforman un escenario complejo para la industria textil argentina.
El sector enfrenta de esta manera una de sus etapas más difíciles de los últimos años, con fábricas que trabajan por debajo de la mitad de su capacidad, una demanda interna debilitada y una estructura productiva que continúa reduciéndose.


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