
La milla 201 y Malvinas: los dos frentes de la disputa por los recursos del Atlántico Sur
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La pesca en el Atlántico Sur vuelve a poner en primer plano dos cuestiones estrechamente vinculadas para la Argentina: la actividad de flotas extranjeras en torno a la denominada milla 201 y las licencias pesqueras otorgadas por la administración británica de las Islas Malvinas. Ambas situaciones se desarrollan sobre un espacio marítimo de alto valor económico y estratégico, donde confluyen recursos naturales, rutas marítimas y la proyección hacia la Antártida.
La denominada milla 201 marca el límite exterior de la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA). En esa zona de alta mar opera una importante cantidad de buques pesqueros extranjeros, entre ellos embarcaciones de origen chino, taiwanés, coreano, español y portugués.
Sobre estas flotas existen denuncias y cuestionamientos vinculados con prácticas de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). En algunos casos, además, se han señalado incursiones de embarcaciones en aguas bajo jurisdicción argentina.
En paralelo, alrededor de las Islas Malvinas, cuya soberanía es reclamada por la Argentina, la administración británica otorga licencias a embarcaciones extranjeras para desarrollar actividades pesqueras.
La Argentina no reconoce la facultad del Reino Unido para otorgar unilateralmente licencias de explotación pesquera en los espacios marítimos circundantes a las islas, debido a la disputa de soberanía existente sobre el archipiélago.
Uno de los principales puntos de conexión entre la milla 201 y Malvinas está relacionado con las características de los recursos pesqueros del Atlántico Sudoccidental. El calamar, especialmente las especies Illex argentinus y Doryteuthis gahi, ocupa un lugar central en esta actividad. Se trata de especies migratorias que se desplazan entre distintas áreas del Atlántico y no responden a las fronteras políticas establecidas por los Estados.
Por ese motivo, la actividad pesquera en la ZEE argentina, la milla 201 y las aguas próximas a Malvinas forma parte de un mismo ecosistema marítimo.
La diferencia está en el marco en el que operan las distintas flotas. Mientras en la milla 201 los buques extranjeros desarrollan su actividad principalmente en alta mar, alrededor de Malvinas existen licencias otorgadas por la administración británica.
Desde la posición argentina, esas licencias son cuestionadas porque implican la explotación de recursos naturales en un territorio cuya soberanía permanece en disputa.
El problema, además, excede a una especie o a una zona específica. La pesca se desarrolla dentro de un ecosistema del Atlántico Sudoccidental en el que los recursos se desplazan entre diferentes espacios marítimos.
Por eso, el análisis de la problemática requiere considerar de manera conjunta la actividad pesquera en la ZEEA, la milla 201 y el área circundante a las Islas Malvinas.
La cuestión pesquera se encuentra atravesada por una dimensión mayor: el valor estratégico del Atlántico Sur. El área concentra importantes recursos naturales, actividad pesquera, hidrocarburos, rutas marítimas y cables submarinos. A esto se suma su proyección hacia la Antártida, lo que incrementa su importancia geopolítica.
En este escenario, Malvinas ocupa una posición estratégica por su ubicación y por la capacidad de proyección que representa sobre una extensa zona marítima.
La disputa por las islas, por lo tanto, no se limita exclusivamente a una cuestión territorial. También se vincula con el acceso y administración de los recursos naturales existentes en el Atlántico Sudoccidental.
En ese contexto, la actividad pesquera adquiere una dimensión económica y estratégica. Las licencias otorgadas alrededor de Malvinas y la presencia de flotas extranjeras en torno a la milla 201 forman parte de un escenario en el que la Argentina busca fortalecer el control y la fiscalización de los recursos pesqueros.
La problemática plantea, además, un desafío para el país: ejercer un mayor control sobre un espacio marítimo extenso y complejo, donde confluyen intereses económicos, actividad pesquera, soberanía y geopolítica.
Así, la milla 201 y Malvinas aparecen como dos escenarios diferentes pero conectados por una misma cuestión: la disputa por los recursos y por la capacidad de ejercer control sobre el Atlántico Sur, un espacio de creciente importancia estratégica para la Argentina y para la región.


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