
Ante Alberto Ceferino: de la Armada y Malvinas a su vida en Río Grande, donde hoy preside el Centro de Veteranos
19640 Noticias
El veterano de guerra Ante Alberto Ceferino, oriundo de la provincia de San Juan, compartió en diálogo con 19640 Noticias su historia de vida y su experiencia durante la Guerra de Malvinas de 1982, donde participó como integrante de la Armada Argentina en el histórico operativo de recuperación de las islas.
Ceferino ingresó a la Escuela Mecánica de la Armada con apenas 16 años, en 1979, luego de decidir junto a su familia comenzar una carrera dentro de la fuerza naval.
Tras completar su formación militar fue destinado a la Base Naval Puerto Belgrano, uno de los principales centros operativos de la Armada Argentina.
Allí comenzó a desempeñarse en el Destacamento Naval de Playa, una unidad encargada de asistir distintas operaciones y que proveía personal especializado para diferentes buques de la flota.
Su rol en las lanchas de desembarco
Dentro de esa unidad fue capacitado para operar lanchas de desembarco EDPB, embarcaciones diseñadas para transportar personal y vehículos hacia la costa durante operaciones militares.
Ceferino fue designado como patrón de lancha de desembarco, es decir, el encargado de conducir la embarcación durante las maniobras.
Estas lanchas podían trasladar vehículos, equipamiento militar y hasta 25 soldados con armamento completo, cumpliendo un papel fundamental en las operaciones anfibias.
Las embarcaciones operaban desde el buque de desembarco ARA Cabo San Antonio, una nave de gran porte utilizada para transportar tropas de Infantería de Marina y vehículos anfibios.
“El barco podía cargar ocho lanchas de desembarco, cada una con su dotación de cinco o seis personas”, recordó.
La recuperación de las Islas Malvinas
El ARA Cabo San Antonio fue uno de los buques protagonistas de la Operación Rosario, la maniobra militar que permitió la recuperación de las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982.
Durante esa operación, los primeros en desembarcar fueron los comandos que iniciaron la toma de posiciones estratégicas en las islas.
Entre ellos se encontraba el capitán Pedro Edgardo Giachino, quien se convirtió en el primer caído argentino durante el conflicto.
Ceferino explicó que las lanchas de desembarco cumplían el rol de trasladar personal y equipamiento hacia la costa una vez aseguradas las primeras posiciones.
“La recuperación la hacen los comandos en primera línea. Después comenzamos a trasladar el resto del personal”, relató.
El conflicto en el mar
Durante el desarrollo de la guerra, el buque ARA Cabo San Antonio también participó en distintas operaciones navales.
En uno de esos momentos, el barco recibió la orden de dirigirse hacia Puerto Deseado, en la provincia de Santa Cruz, para resguardarse ante el avance de la flota británica.
En el trayecto se produjo el ataque al ARA Alférez Sobral, un pequeño buque que había sido alcanzado por un misil británico.
El Cabo San Antonio recibió la orden de regresar para asistirlo.
“Cuando lo encontramos estaba muy dañado. El puente había sido destruido, pero lo venían manejando desde la sala de máquinas”, recordó.
Finalmente, ambas embarcaciones lograron llegar a Puerto Deseado, donde permanecieron resguardadas durante el conflicto.
El regreso y la vida después de la guerra
Tras finalizar la guerra, Ceferino regresó a su destino en Puerto Belgrano, donde continuó su carrera dentro de la Armada.
Posteriormente fue trasladado a la Base Naval Almirante Zar, en Trelew, y luego al Batallón de Infantería de Marina Nº5, en Río Grande.
Fue allí donde terminó estableciéndose definitivamente.
“Llegué a Río Grande el 9 de marzo de 1985, cuando tenía 23 años”, recordó.
Tiempo después decidió dejar la Armada y comenzar una nueva etapa de su vida en la ciudad.
Una vida en Tierra del Fuego
Hoy Ceferino vive en Río Grande junto a su familia. Con su actual pareja, Rita, formó un hogar con cuatro hijos, además de tener otros dos hijos de una relación anterior.
En total, es padre de seis hijos.
El veterano destacó que sus hijos conocen su historia, aunque reconoce que, como ocurre con muchos excombatientes, hablar de la guerra no siempre resulta sencillo.
“Si no preguntan, muchas veces uno no cuenta. No es algo que se relate como una anécdota”, explicó.
El compromiso con los veteranos
Actualmente, Ante Alberto Ceferino es presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Río Grande, un espacio que reúne a los excombatientes de la ciudad.
Desde allí trabajan en actividades vinculadas a la memoria de Malvinas, como charlas en escuelas, actos conmemorativos y la tradicional carpa de los veteranos, que cada año convoca a miles de personas durante la vigilia del 2 de abril.
Ceferino explicó que el contacto permanente entre los veteranos cumple también un rol fundamental para su bienestar.
“Entre nosotros nos entendemos. A veces una charla o una risa entre compañeros es una forma de terapia”, afirmó.
A más de 44 años de la guerra de Malvinas, el veterano sostiene que mantener viva la memoria es una responsabilidad compartida.
“Todavía hay compañeros que se emocionan cuando recuerdan. Por eso es importante acompañarnos entre nosotros y seguir transmitiendo lo que pasó”, concluyó.


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