Fragilidad laboral: la probabilidad de conservar un empleo cayó al nivel más bajo en una década

La estabilidad del empleo formal alcanzó su peor nivel en una década, mientras crecen el cuentapropismo y las formas de inserción laboral más precarias.
 
NACIONAL08/08/202619640 Noticias19640 Noticias
Desempleo

El mercado laboral argentino atraviesa un proceso de deterioro y mayor fragilidad. La probabilidad de que un trabajador asalariado privado registrado conserve su puesto durante doce meses cayó a su nivel más bajo de los últimos diez años, mientras que el ingreso al mercado laboral mediante un empleo formal también muestra una evolución desfavorable.

Los datos relevados a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC y de registros de la Secretaría de Trabajo muestran, además, una transformación en la composición del empleo: se redujo la participación del trabajo asalariado y ganó terreno el cuentapropismo, en un contexto marcado por la pérdida de puestos registrados y una mayor precarización.

Uno de los principales indicadores de fragilidad laboral surge de la evolución de los trabajadores asalariados privados registrados. Según los microdatos de la EPH, solo 76 de cada 100 trabajadores logran permanecer en el mismo empleo después de doce meses, el registro más bajo de la última década.

El deterioro resulta más evidente al compararlo con períodos anteriores. Entre 2024 y 2025, la proporción alcanzaba a 80 de cada 100 trabajadores, mientras que en 2018-2019, otro período considerado de elevada fragilidad, se ubicaba en 79.

La tendencia muestra que el empleo formal no solo enfrenta dificultades para generar nuevos puestos, sino también para sostener los puestos existentes.

Durante los últimos dos años también aumentó la proporción de trabajadores que abandonaron el empleo privado registrado para pasar a modalidades laborales de menor protección.

El porcentaje de trabajadores que migró hacia el empleo informal pasó del 7,1% al 7,8%, mientras que quienes se desplazaron hacia el trabajo por cuenta propia aumentaron del 3,4% al 4,6%.

De acuerdo con el análisis de Estudios Económicos del Banco Provincia, más del 60% de quienes cambiaron su modalidad de contratación logró permanecer dentro del mercado laboral. Sin embargo, la mayoría lo hizo bajo condiciones de mayor precarización.

El deterioro no se limita a la estabilidad laboral. También impacta sobre los ingresos reales de los trabajadores que pierden un puesto formal y deben buscar alternativas para continuar trabajando.

Según un informe de la consultora C-P, los asalariados privados registrados que perdieron su empleo y consiguieron otro como forma de refugio experimentaron una disminución significativa de su poder adquisitivo.

Quienes pasaron a un empleo informal sufrieron una reducción del 14% en sus ingresos reales, mientras que aquellos que se volcaron al autoempleo registraron una caída del 28%.

El dato refleja que la salida de un empleo registrado no necesariamente se traduce en desempleo permanente, pero sí puede implicar una inserción laboral de menor calidad y con menores ingresos.

La pérdida de calidad laboral está acompañada por una reducción concreta de puestos de trabajo registrados.

Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, se destruyeron más de 235.000 empleos asalariados del sector privado registrado, equivalente a una caída del 3,7%, según datos de la Secretaría de Trabajo.

En el mismo período también se perdieron 73.000 empleos públicos, un descenso del 2,1%. En contraste, se incorporaron alrededor de 150.000 monotributistas, lo que representa un crecimiento del 7,5%.

A esto se sumó la pérdida de unos 20.000 puestos en casas particulares, equivalente a una baja del 4,5%.

En términos agregados, el resultado fue una pérdida cercana a 180.000 puestos de trabajo en dos años y medio, equivalente a una caída del 1,4%.

Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 refuerzan esta transformación. En los principales aglomerados urbanos del país se registraron 13,47 millones de trabajadores distribuidos entre distintas modalidades ocupacionales.

Del total, el 71,8% eran asalariados, el 24,2% cuentapropistas, el 3,7% patrones y el 0,3% trabajadores familiares sin remuneración.

En comparación con el primer trimestre del año anterior, la participación de los cuentapropistas aumentó 0,7 puntos porcentuales, mientras que la de los patrones avanzó 0,3 puntos. En sentido contrario, la participación de los asalariados cayó 0,9 puntos porcentuales.

El análisis de Politikón Chaco sobre la serie correspondiente a los primeros trimestres entre 2017 y 2026 muestra que el cuentapropismo alcanzó en 2026 su segundo mayor nivel de participación.

El registro quedó apenas por debajo del máximo histórico de 2021, cuando llegó al 24,4%.

En paralelo, el empleo asalariado igualó en 2026 el menor nivel de participación de toda la serie, también registrado en 2021.

En términos acumulados, entre 2017 y 2026 la participación del trabajo por cuenta propia aumentó 3,3 puntos porcentuales, mientras que la del empleo asalariado se redujo 2,4 puntos porcentuales.

La evolución de los datos también permite observar cómo se está produciendo la expansión del empleo. Según Politikón Chaco, cerca de siete de cada diez nuevos ocupados correspondieron al cuentapropismo, mientras que el empleo asalariado presentó un crecimiento prácticamente estancado.

Esto implica que una parte importante de la creación de ocupación se encuentra vinculada al autoempleo y a modalidades no asalariadas, en lugar de producirse mediante la incorporación de trabajadores al empleo registrado.

De esta manera, la discusión sobre el mercado laboral no se limita a la cantidad de personas ocupadas, sino también a la calidad, estabilidad y nivel de ingresos de los puestos que se generan.

La situación laboral también aparece reflejada en la percepción de los argentinos. Según la encuesta mensual de julio de Latam Pulse Argentina, elaborada por AtlasIntel y Bloomberg, el 73% de los consultados calificó como "malo" al mercado de trabajo.

La percepción negativa también alcanzó a la economía nacional, evaluada de esa manera por más del 70% de los encuestados, mientras que el 60% consideró negativa la situación económica de su propio hogar.

En paralelo, el desempleo se ubicó como el segundo principal problema del país, solo detrás de la corrupción. El 46,5% de los consultados lo mencionó entre las principales preocupaciones, frente al 47,7% que señaló a la corrupción.

Los distintos indicadores muestran un escenario en el que la estabilidad del empleo formal perdió terreno, mientras aumentaron las modalidades de trabajo por cuenta propia y la informalidad.

La pérdida de puestos registrados, la caída en la permanencia dentro del empleo formal y la reducción de ingresos de quienes deben pasar a otras modalidades configuran un mercado laboral con mayores niveles de vulnerabilidad.

En este contexto, el desafío no pasa únicamente por generar más puestos de trabajo, sino también por recuperar empleos formales, estables y con capacidad de sostener el poder adquisitivo de los trabajadores.


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