Con 20 años estuvo en el portaaviones 25 de Mayo y hoy mantiene viva la causa Malvinas en Río Grande

A 44 años de la Gesta de Malvinas, Bernardo Ferreyro recordó en diálogo con 19640 Noticias su experiencia como conscripto en el portaaviones ARA 25 de Mayo durante la guerra de 1982. Actualmente vive en Río Grande, ciudad de la Vigilia por Malvinas, donde continúa trabajando junto a los veteranos para mantener viva la memoria.
MALVINAS15/03/202619640 Noticias19640 Noticias

Bernardo Ferreiro Malvinas

En el marco del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas, que se conmemora cada 2 de abril, el veterano Bernardo Ferreyro compartió en diálogo con 19640 Noticias su historia de vida, marcada por su participación en la guerra de 1982 y por el camino que lo llevó a radicarse definitivamente en Río Grande.

Ferreiro fue conscripto clase 1961, incorporado junto con la clase 1962, y durante el conflicto su destino fue el portaaviones ARA 25 de Mayo, uno de los buques más importantes de la Armada Argentina durante la guerra del Atlántico Sur.

En ese entonces tenía 20 años y cumplía funciones en maquinaria de cubierta de vuelo, en la división de frenado, un sistema clave para el aterrizaje de los aviones en el portaaviones.

“Nos dedicábamos al frenado de los aviones cuando venían a aterrizar arriba del portaaviones”, explicó.

El complejo sistema para frenar los aviones

Ferreyro relató que su tarea consistía en supervisar y mantener en condiciones el sistema que permitía detener las aeronaves en la cubierta del buque.

Se trataba de un mecanismo compuesto por cables de acero y un sistema hidráulico de amortiguación, que permitía frenar a los aviones en una distancia mínima.

“Un avión que en tierra necesita un kilómetro o más para aterrizar, nosotros lo frenábamos en apenas 100 metros”, recordó.

Los cables de frenado atravesaban la cubierta de vuelo y el avión debía enganchar uno de ellos mediante un gancho ubicado en su cola, lo que permitía detenerlo rápidamente.

El día que supieron que estaban en guerra

Durante los últimos días de marzo de 1982, el portaaviones zarpó desde Puerto Belgrano en una navegación que en principio parecía una práctica más.

Sin embargo, la tripulación comenzó a notar que algo diferente estaba ocurriendo.

“El muelle estaba lleno de camiones, soldados, combustible, comida y municiones. Nosotros no entendíamos qué estaba pasando”, relató.

En aquel momento muchos conscriptos creían que podía tratarse de un conflicto con Chile. Pero el 2 de abril a las 8 de la mañana, mientras navegaban entre Río Gallegos y Malvinas, Ferreiro escuchó por Radio Nacional el comunicado oficial.

“Ahí nos enteramos de que las Malvinas habían sido recuperadas y que estábamos en guerra con Inglaterra”, recordó.

El rol del portaaviones durante el conflicto

El ARA 25 de Mayo cumplía un papel estratégico dentro de la flota naval argentina, ya que desde su cubierta podían despegar aviones que brindaban apoyo a las operaciones militares.

En algunos casos, las aeronaves que despegaban desde el continente aterrizaban en el portaaviones cuando no podían regresar a tierra.

“La función del portaaviones era apoyar los ataques que se hacían desde tierra y también entrar en combate con sus aviones”, explicó.

Aunque el buque no recibió ataques directos, sí participó activamente en las operaciones aéreas.

“Nos tocó recibir aviones que volvían con impactos de combate”, recordó.

La retirada de la flota

El 2 de mayo de 1982, tras el hundimiento del crucero General Belgrano, la Armada recibió la orden de retirar la flota.

El portaaviones y los barcos que lo custodiaban se refugiaron en el Golfo San Jorge, donde realizaron operaciones de defensa antisubmarina ante la presencia de un submarino nuclear británico.

“Las corbetas y fragatas cerraron el golfo y desde el portaaviones salían aviones y helicópteros para buscar al submarino”, relató.

Finalmente, el ARA 25 de Mayo regresó a Puerto Belgrano y no volvió a salir al mar durante el conflicto.

“Para nosotros, la guerra terminó entre el 5 y el 6 de mayo”, explicó.

La vida después de la guerra

Ferreiro recibió la baja del servicio militar el 2 de agosto de 1982.

En ese momento, convencido de que el conflicto podía continuar, tomó una decisión importante en su vida personal: casarse con su novia, con quien llevaba tres años de relación.

“A los 30 días de irme de baja nos casamos”, recordó.

Durante los años siguientes formó su familia y tuvo sus primeros hijos en Bahía Blanca, su ciudad natal.

La llegada a Río Grande

A fines de 1987, llegó a Río Grande junto a su esposa y sus dos hijos para iniciar un emprendimiento comercial.

La idea inicial era quedarse apenas cinco años.

“Yo vine a trabajar por cinco años, a poner un negocio”, explicó.

El comercio, llamado Gomasur, abrió en noviembre de 1988, pero con el tiempo no prosperó y terminó cerrando.

Tras esa etapa, Ferreiro comenzó a trabajar en Juncadella, empresa que luego se transformó en Prosegur, donde permaneció durante 21 años y llegó a ocupar el cargo de subgerente.

Su trabajo junto a los veteranos

Tiempo después, por recomendación médica, dejó esa actividad y se incorporó al Municipio de Río Grande, tras una convocatoria realizada por el actual gobernador Gustavo Melella a los veteranos de guerra.

Desde entonces trabaja en el área vinculada a los excombatientes.

Actualmente se desempeña como coordinador de la Dirección de Veteranos de Guerra del Municipio.

Una vida en Tierra del Fuego

Ferreiro reconstruyó su vida en Río Grande, donde volvió a formar familia. Hoy es padre de cuatro hijos, abuelo de tres nietos y uno de los referentes locales vinculados a la causa Malvinas.

A 44 años del conflicto del Atlántico Sur, su historia refleja el recorrido de muchos veteranos que, después de la guerra, encontraron en Tierra del Fuego un lugar para construir su futuro.

En la ciudad de la Vigilia por Malvinas, su compromiso sigue siendo el mismo: mantener viva la memoria de quienes participaron de aquella gesta histórica.

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