Turismo en la Antártida en crecimiento: cómo se controlan los cruceros y expediciones que llegan desde Ushuaia

El turismo en la Antártida se triplicó en la última década, con más de 77.000 desembarcos en la península antártica, bajo estrictos protocolos de conservación y seguridad.

INTERÉS GENERAL26/01/202619640 Noticias19640 Noticias
Turismo Antártida

La Antártida, uno de los territorios más frágiles y remotos del planeta, recibió en la temporada 2023/2024 122.072 visitantes, de los cuales 77.000 desembarcaron en el continente y sus islas. Según datos de la Secretaría del Tratado Antártico, el crecimiento sostenido del turismo exige regulación estricta para minimizar el impacto ambiental.

Desde la firma del Tratado Antártico en 1959, el turismo al continente helado ha crecido exponencialmente. Hasta los años noventa, apenas llegaban cuatro o cinco mil personas al año, mientras que en 2007 se registró un pico histórico de 46.265 viajeros. Tras la crisis financiera de 2008 y la prohibición del uso de combustibles pesados en 2011, la industria se reestructuró hacia cruceros de expedición más pequeños, alcanzando su récord histórico en la temporada 2023/2024.

La mayoría de los turistas parten desde Ushuaia (Argentina) y navegan unos 1.000 kilómetros por el temido pasaje de Drake, para llegar a las islas Shetland del Sur y la península antártica. Solo barcos de menos de 500 pasajeros pueden realizar desembarcos en tierra firme, y los visitantes deben seguir estrictos protocolos: grupos de máximo 100 personas, caminatas por senderos señalizados y distancia mínima de cinco metros de la fauna local.

Aunque minoritaria, la llegada en avión se concentra entre Punta Arenas (Chile) y la isla del Rey Jorge, con unos 8.539 turistas transportados en 400 vuelos durante la temporada 2024/2025. Además, operadores privados de lujo, como White Desert Ltd, ofrecen campamentos con cúpulas sobre plataformas de madera y rutas en 4×4 en zonas remotas.

El impacto ambiental del turismo es innegable: según estudios científicos, cada viaje genera 3,2 a 4,1 toneladas de CO₂ por pasajero, y la concentración de metales pesados en zonas turísticas es hasta diez veces superior a la de hace 40 años. Para mitigar estos efectos, la IAATO, organización internacional de operadores turísticos antárticos, establece normas estrictas de seguridad y conservación, desde la desinfección del calzado y ropa hasta la prohibición de sentarse o tocar la fauna y flora locales.

El turismo antártico no solo representa un desafío logístico, sino también una oportunidad de concienciación ambiental. Cada visitante actúa como embajador de la conservación, mientras que la regulación de cupos y buenas prácticas permite equilibrar la experiencia humana con la protección de uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.

Deleite

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