El sueño de Edgardo Gámez: cantar en la calle para salir adelante y vivir de lo que ama

Tiene 66 años, es de Caballito y encontró en el canto callejero una forma digna de sostenerse tras quedarse sin trabajo en la pandemia. De paso por Río Grande, Eduardo Gámez comparte su historia de esfuerzo, vocación y un sueño simple: vivir de la música.
RÍO GRANDE06/01/202619640 Noticias19640 Noticias
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Edgardo Gámez tiene 66 años, nació y vivió siempre en el barrio porteño de Caballito, y hoy recorre calles y esquinas cantando tango para ganarse la vida. No lo hace por moda ni por romanticismo: lo hace porque ama cantar y porque, tras la pandemia, fue la manera que encontró para seguir adelante.

Antes del COVID-19, Edgardo tenía trabajos formales. Cantaba tango de manera ocasional, en bailes y encuentros, pero nunca como actividad principal. Con la llegada de la pandemia, el trabajo se terminó y la necesidad golpeó fuerte. “No tenía trabajo y tenía que vivir. Me dediqué a cantar lo que más me gusta hacer”, cuenta con simpleza.

Desde entonces, la calle se convirtió en su escenario. En Buenos Aires suele cantar en las inmediaciones de Parque Rivadavia y sobre la avenida Rivadavia, acompañado por un micrófono, un pequeño parlante y un repertorio que incluye tangos clásicos, algunas canciones de Sandro y una de Cacho Castaña. No improvisa: tiene cerca de 15 temas preparados y una convicción firme.

Actualmente se encuentra en Río Grande, ciudad que visita por tercera vez. Llegó para pasar unos días con su hermana mayor y aprovechar la temporada para cantar. Se lo puede ver en la zona céntrica, cerca de entidades bancarias o heladerías, donde el paso de la gente le permite sumar algunas monedas. “La verdad que acá me va bien”, asegura.

Edgardo no se define como un artista consagrado ni busca fama. Su objetivo es concreto y honesto: juntar dinero para arreglar su calefón y comprar un televisor que se le rompieron en Buenos Aires. Vive solo, pero mantiene un fuerte vínculo con su familia, que lo apoya y valora que siga activo. “Hay que hacer algo en la vida. Si no, es muy aburrida”, dice con una sonrisa.

Cantar no es solo una forma de ingreso: es también su manera de mantenerse vivo, útil y en movimiento. Su sueño no es grandilocuente, pero sí profundo: seguir cantando, seguir viajando, y vivir con dignidad de aquello que ama hacer. En cada esquina, Edgardo Gámez no solo entona un tango: cuenta una historia de resiliencia que muchos reconocen y respetan.

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