Bessent afirmó que EE. UU. quiere una “zona económica” desde Alaska hasta Tierra del Fuego

El secretario del Tesoro de Estados Unidos adelantó un ambicioso proyecto de integración económica continental que va desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en medio de incidentes diplomáticos y presencia militar no informada en el sur argentino.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó que la administración de Donald Trump busca consolidar una “zona económica” que abarque desde Alaska hasta Tierra del Fuego, una región geopolítica que incluiría a toda América del Norte, Central y del Sur bajo un mismo esquema de cooperación y dominancia económica.

La declaración se produjo en medio de movimientos estratégicos poco comunes en el extremo austral del continente, como el control estatal del puerto más austral del mundo y el aterrizaje sin aviso de un avión militar estadounidense en Ushuaia, hechos que sacuden la escena política regional.

Scott Bessent expresó sin eufemismos que el gobierno de Trump pretende afirmar la “seguridad nacional” y la “prosperidad económica” a lo largo de todo el Hemisferio Occidental, una estrategia que según él no debe “tercerizarse con nadie”.

“Desde Estados Unidos hasta Tierra del Fuego, esta puede ser una zona económica próspera”, afirmó el titular del Tesoro en una entrevista con La Derecha Diario, medio vinculado a agendas ultraconservadoras regionales.

Bessent evitó detallar mecanismos concretos para lograr esa integración, pero su discurso remite a documentos y políticas previas de Washington que promueven la preeminencia estadounidense en asuntos económicos y militares en el continente, un enfoque que analistas han calificado como neo-imperialista.

La idea de una integración económica continental recuerda al fallido Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) de los años 90 y principios de los 2000, que proponía eliminar barreras arancelarias entre 34 países del continente excepto Cuba, y que colapsó en la Cumbre de Mar del Plata de 2005 ante la oposición de Argentina y Brasil.

En aquella cumbre, las protestas masivas y el famoso lema “ALCA, alcarajo” simbolizaron el rechazo regional a lo que se percibía como una imposición de Washington.

Ahora, más de dos décadas después, la sombra de aquella iniciativa reaparece con otro nombre y bajo un contexto geopolítico distinto, en el que la administración estadounidense redefine alianzas y prioridades en América Latina.

Las declaraciones de Bessent coincidieron con eventos no aclarados oficialmente en Ushuaia, Tierra del Fuego: el gobierno nacional argentino tomó control del puerto de la ciudad, considerada estratégica por su ubicación antártica, y un avión del Departamento de Defensa de EE. UU. aterrizó sin notificación al gobierno fueguino.

La Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires intentó desactivar la controversia afirmando que la aeronave trasladaba una “delegación del Congreso” para tratar asuntos de energía y minería, versión que ni el gobierno nacional ni el provincial confirmaron.

El episodio generó inquietudes en sectores políticos locales y potenciales cuestionamientos sobre soberanía regional, en un momento en que la presencia estadounidense parece intensificarse más allá de los canales diplomáticos habituales.

Aunque Bessent no ofreció un cronograma ni detalles técnicos del proyecto de integración continental, su concepto de una “zona económica” desde Alaska a Tierra del Fuego plantea interrogantes sobre el alcance real de la política exterior estadounidense en el hemisferio.

La propuesta llega en un contexto global marcado por tensiones económicas, estrategias geopolíticas renovadas y una región latinoamericana cada vez más disputada por potencias internacionales.

La falta de descripciones concretas sobre instrumentos legales, acuerdos comerciales o compromisos multilaterales sugiere que aún se trata de un planteo enunciativo, más que de un plan estructurado, pero ya ha encendido alarmas en círculos políticos y académicos de la región.

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