
“Quedamos tirando con un solo cañón”: el relato de Sergio Siboldi, veterano y prisionero en Malvinas
19640 Noticias
En el marco del 44° aniversario de la Gesta de Malvinas, el veterano Sergio Daniel Siboldi relató en diálogo con 19640 Noticias su experiencia durante la guerra de 1982, donde participó como soldado conscripto en el Grupo de Artillería Aerotransportado 4.
Oriundo de la provincia de Buenos Aires, Siboldi llegó a las Islas Malvinas el 23 de abril de 1982, tras partir desde Córdoba y hacer escala en Comodoro Rivadavia. Su función dentro de la unidad era clave: formaba parte del Centro de Dirección de Tiro (CDT), encargado de coordinar y corregir los disparos de artillería en base a la información que brindaban los observadores en el frente.
El armamento principal de su unidad eran los obuses, con un alcance de aproximadamente 12 kilómetros, utilizados para brindar apoyo a los regimientos de infantería desplegados en las alturas cercanas a Puerto Argentino.
“Apoyábamos a la infantería, ellos necesitaban nuestro fuego para sostener las posiciones”, explicó.
Con el avance del conflicto, la situación se volvió cada vez más crítica. Siboldi recordó que el uso intensivo de los cañones provocó fallas en el armamento.
“Tiramos tanto que los cañones se fundían, quedaban al rojo vivo y la munición se trababa”, relató.
Ante ese escenario, la unidad se vio obligada a concentrar todos los recursos en una sola pieza de artillería. Un grupo reducido de soldados continuó disparando hasta agotar la munición, mientras el resto iniciaba el repliegue.
“Quedamos tirando con un solo cañón”, resumió.
Tras el cese de fuego, Siboldi y sus compañeros fueron tomados prisioneros por las fuerzas británicas. El excombatiente recordó que debieron entregar el armamento en Puerto Argentino y luego fueron trasladados al aeropuerto, donde permanecieron bajo custodia.
Posteriormente, fueron embarcados en el buque británico Canberra, donde pasaron varios días en condiciones difíciles, bajo vigilancia constante, hasta su traslado de regreso al continente.
“Dormíamos en el piso, con las ventanas tapadas y siempre vigilados”, contó.
El regreso a la Argentina también dejó una fuerte marca en su memoria. “Veíamos a la gente caminando como si nada, y nosotros veníamos de la guerra”, recordó.
A su llegada, fue trasladado a Campo de Mayo, donde pudo reencontrarse con su familia tras varios días sin comunicación. Ese momento marcó el inicio de una nueva etapa, lejos del conflicto pero con las huellas aún presentes.
Años más tarde, Siboldi decidió radicarse en Río Grande, donde reconstruyó su vida junto a su familia. En la ciudad fueguina trabajó en distintos rubros, formó su hogar y logró acceder a su vivienda.
A más de cuatro décadas del conflicto, su testimonio refleja la experiencia de miles de jóvenes conscriptos que combatieron en Malvinas y que, tras la guerra, debieron reconstruir sus vidas.
Hoy, su historia se suma a la memoria colectiva de una ciudad que mantiene viva la causa Malvinas, no solo en los actos oficiales, sino en el compromiso diario de sus vecinos.


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