
Guardapolvos térmicos y pingüinos en el patio: así se estudia en la escuela más austral del mundo
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En uno de los escenarios más extremos e inhóspitos del planeta, donde las temperaturas bajan de cero, los vientos son huracanados y las noches invernales parecen eternas, funciona la única escuela argentina en la Antártida. La Escuela Provincial N° 38 “Presidente Raúl Alfonsín”, ubicada en la Base Conjunta Antártica Esperanza, es también la más austral del mundo, y en ella estudian hijos de científicos, personal militar y civiles que residen temporalmente en el continente blanco.
El ciclo lectivo 2026 comenzó el pasado 24 de febrero, ratificando no solo la vuelta a clases, sino también la presencia permanente de Argentina en la Antártida. Cada año, el gobierno de Tierra del Fuego selecciona una pareja de docentes —siempre matrimonios legales o de hecho— que deben superar rigurosos exámenes psicológicos y físicos. Para este año fueron elegidos Gustavo Olivera y Susana Alegre, provenientes de Río Grande, quienes se encargan del nivel inicial y primario, mientras que el secundario se dicta de manera virtual mediante el Seadea (Sistema de Educación a Distancia del Ejército Argentino).
Los estudiantes usan guardapolvos blancos, pero adaptados al frío extremo: debajo llevan ropa térmica, guantes, calzado especial y antiparras para protegerse del viento, la nieve y el resplandor del sol. Las clases solo se suspenden por “viento excesivo”, y los recreos pueden incluir visitas de pingüinos, lobos marinos u otras especies que habitan la región. La escuela cuenta con internet, calefacción central, biblioteca y laboratorio, garantizando una educación de calidad incluso en condiciones extremas.
Para los docentes, la experiencia va más allá de lo académico. Alegre afirma: “Ser docentes en la Antártida es acompañar, escuchar, abrazar, construir comunidad y sostener la educación argentina en uno de los lugares más únicos del planeta. Cada día confirmamos que los sueños, cuando se trabajan con convicción, pueden hacerse realidad”.
La escuela comenzó a funcionar el 14 de mayo de 1978 bajo el nombre “Manuel Belgrano” y fue fundamental para consolidar la presencia civil en la Antártida. Desde 1997 depende de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y en 2012 adoptó su nombre actual en honor al expresidente Raúl Alfonsín. A lo largo de los años, la institución ha sobrevivido a incendios y climas extremos, y se mantuvo abierta incluso durante la pandemia de COVID-19, siendo uno de los pocos lugares del mundo libres de contagio.
La enseñanza en este contexto exige trabajo en plurigrado, con alumnos de distintos niveles y edades compartiendo el mismo espacio. Esto permite una educación más personalizada, fomentando autonomía, colaboración y desarrollo humano y académico simultáneo. “Los mayores guían a los más pequeños, y los más pequeños aprenden observando y compartiendo”, explica Alegre.
La jornada escolar comienza temprano y finaliza cerca de las 18 horas, con recreos, desayunos y meriendas que refuerzan la sensación de comunidad entre docentes y estudiantes. Para los elegidos, enseñar en la Antártida no es solo un trabajo: es un sueño convertido en realidad, una oportunidad única de contribuir a la educación argentina en el extremo sur del planeta.


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