Crece la presión de buques extranjeros que pescan en el Mar Argentino

La presencia constante de flotas extranjeras en la Milla 201 expone los límites del control marítimo y reaviva el debate sobre la necesidad de regulaciones internacionales más firmes.

NACIONAL31/01/202619640 Noticias19640 Noticias
Pesca iIegal

La reiterada presencia de buques pesqueros extranjeros operando al límite del Mar Argentino volvió a encender las alertas sobre la fragilidad del control en aguas internacionales y el impacto ambiental que genera la pesca intensiva en la región del Atlántico Sur.

Las nuevas incursiones de buques pesqueros, mayoritariamente de origen chino, confirman que la pesca ilegal y no regulada en las inmediaciones de la Zona Económicamente Exclusiva argentina es un problema persistente. Cada vez que se refuerzan los controles y la presión diplomática, las embarcaciones se repliegan momentáneamente, pero luego regresan y se concentran nuevamente en la denominada Milla 201, el límite que separa las aguas bajo jurisdicción nacional de la alta mar.

Imágenes satelitales recientes muestran columnas de buques de gran porte, también provenientes de Taiwán y Corea del Sur, operando de manera intensiva justo fuera de las 200 millas náuticas. La magnitud de la flota resulta impactante: una verdadera ciudad flotante que se extiende por kilómetros y ejerce una presión creciente sobre los recursos pesqueros del Atlántico Sur.

El fenómeno no es nuevo. Desde hace años, autoridades nacionales y organizaciones no gubernamentales advierten sobre la llegada estacional de una flota industrial de pesca de altura que se concentra en esa franja marítima durante cinco o seis meses. Según datos de organismos de control, la actividad pesquera en la zona creció de forma sostenida, con un incremento estimado del 65% entre 2019 y 2024.

Desde la Prefectura Naval Argentina señalan que los movimientos de estas embarcaciones son monitoreados en tiempo real mediante sistemas de vigilancia marítima. Sin embargo, la dificultad radica en la naturaleza jurídica de la alta mar, un espacio que no se encuentra bajo soberanía nacional y donde las capacidades de control y sanción de los Estados ribereños son muy limitadas. Mientras dentro de la ZEE las intervenciones resultan efectivas, fuera de ese límite las herramientas disponibles son escasas.

Uno de los recursos más afectados por esta pesca intensiva es el calamar Illex argentinus, una especie clave para el ecosistema marino del Atlántico Sur. Su sobreexplotación no solo compromete la sustentabilidad de la pesquería, sino que puede generar un efecto en cadena que impacte sobre ballenas, delfines, peces comerciales como la merluza y el atún, y sobre las economías de las comunidades costeras.

Frente a este escenario, distintos sectores coinciden en la necesidad de avanzar hacia una regulación más estricta de la pesca en aguas internacionales. La plena implementación del Tratado de Alta Mar de las Naciones Unidas aparece como una herramienta central, ya que permitiría crear áreas marinas protegidas y exigir evaluaciones de impacto ambiental para las actividades pesqueras.

La ausencia de un marco global efectivo deja expuesta una frontera marítima considerada estratégica y sensible. En ese contexto, especialistas y autoridades advierten que resulta imprescindible poner fin a prácticas que generan daños económicos y ambientales significativos, y que continúan debilitando la protección de los recursos del Mar Argentino.

Deleite

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