
Salmonicultura y ambiente: un informe expone antecedentes críticos en la Patagonia chilena
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Un informe del medio especializado Mongabay Latam encendió alertas ambientales tras la derogación de la ley que prohibía la salmonicultura en Tierra del Fuego. El reporte reúne datos científicos, testimonios de expertas y antecedentes históricos de Chile, donde la industria opera desde hace cinco décadas, y plantea serios riesgos para los ecosistemas patagónicos.
Un exhaustivo informe publicado por el medio ambiental Mongabay Latam analiza los impactos ecológicos y los desafíos de control que presenta la industria salmonera, en un contexto marcado por la reciente habilitación legislativa de esta actividad en la provincia de Tierra del Fuego.
El reporte se apoya en testimonios de especialistas chilenas, datos oficiales y la revisión de crisis ambientales registradas a lo largo de más de cincuenta años de desarrollo de la salmonicultura en Chile. Si bien señala que existe un marco normativo que exige evaluaciones de impacto ambiental y planes de contingencia, advierte que la experiencia demuestra problemas persistentes y de difícil reversión.
La bióloga marina Vreni Häussermann, quien investiga desde hace años los fiordos chilenos, afirma en el informe que en zonas con alta concentración de centros de cultivo se registró una disminución de hasta el 75% en la abundancia de especies como los corales gorgonia entre 2003 y 2013, cambios que atribuye directamente a la actividad salmonera. Además, señala la desaparición local de crustáceos como consecuencia del uso de determinados químicos.
Por su parte, Liesbeth van der Meer, directora ejecutiva de Oceana Chile, explica el proceso que da origen a las denominadas “zonas muertas”. Según detalla, la acumulación de fecas, alimento no consumido y compuestos químicos en el fondo marino provoca un consumo excesivo de oxígeno, generando condiciones hipóxicas incompatibles con la vida. “Donde no hay oxígeno no puede haber vida”, afirma, y advierte que los sedimentos contaminados con antibióticos y antiparasitarios sufren cambios “irreversibles”.
El control estatal aparece como otro de los puntos críticos del análisis. Flavia Liberona, directora de Fundación Terram, sostiene que en Chile existe una “incapacidad” de las instituciones para fiscalizar de manera efectiva a la industria, debido a la falta de recursos y medios técnicos adecuados.
El informe también menciona las dificultades para acceder a información clave, como los protocolos de control sobre el uso de antibióticos, y recuerda episodios graves como el vertimiento de miles de toneladas de salmones muertos en 2016, hecho que agravó una crisis de marea roja, además de los reiterados escapes masivos de peces.
Si bien el documento recoge la postura de autoridades fueguinas, que aseguran haber incorporado salvaguardas ambientales y sostienen que no se repetirán los errores cometidos en Chile, el informe concluye con una advertencia clara por parte de las especialistas consultadas.
Estas coinciden en que la salmonicultura a gran escala, especialmente en ecosistemas prístinos y frágiles como los de la Patagonia, implica riesgos ambientales profundos y suele generar transformaciones socioeconómicas drásticas y permanentes en las comunidades locales. La evidencia reunida sugiere que, una vez instalada, la industria modifica el entorno de forma duradera, planteando un desafío complejo para las regiones que optan por su desarrollo.



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