
“El 18 es mucho más que cueca y empanadas”: el cónsul de Chile reivindicó la hermandad histórica en Río Grande
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Con un homenaje a la historia compartida, expresiones de la cultura chilena y un fuerte reconocimiento a la comunidad residente en Tierra del Fuego, el Consulado de Chile en Río Grande y Tolhuin conmemoró las Fiestas Patrias chilenas. El acto fue encabezado por el cónsul Julio Villarroel Alarcón, quien propuso recorrer más de dos siglos de relaciones entre Chile y Argentina, desde la gesta independentista de José de San Martín y Bernardo O’Higgins hasta la construcción social y cultural del extremo austral.
Durante la ceremonia, que reunió a autoridades, representantes institucionales, integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, colectividades y vecinos, el diplomático puso especial énfasis en el aporte de las generaciones de inmigrantes chilenos, particularmente de origen chilote, y en la estrecha relación histórica que une a ambos pueblos en Tierra del Fuego.
El acto central se desarrolló al mediodía e incluyó la colocación de ofrendas florales al pie del cenotafio al Libertador, ubicado en la intersección de las avenidas San Martín y Belgrano.
La jornada también tuvo un marcado componente cultural. Agrupaciones como Raíces y Hermandad y Entre Fronteras, de Río Grande, participaron del tradicional “esquinazo” y compartieron con los presentes la tradicional chicha en cacho. A ellos se sumó el Club de Cueca Los Márquez, de Porvenir, que presentó danzas y vestimentas tradicionales.
El propio cónsul participó activamente de la celebración vestido de huaso chileno, mientras que su esposa, Paulina, lució un traje típico de danza tradicional. Ambos se sumaron a la interpretación de distintas piezas de cueca.
Sin embargo, el eje principal de la ceremonia estuvo puesto en el extenso discurso de Villarroel Alarcón, quien eligió alejarse de una evocación exclusivamente folklórica del 18 de septiembre para realizar un recorrido por la historia común de Chile y Argentina: “Prefiero invitarlos a recorrer una historia que, a mi juicio, demuestra que la independencia de Chile no puede comprenderse sin la profunda amistad que desde sus orígenes une a chilenos y argentinos”, sostuvo.
El cónsul recordó que el 18 de septiembre de 1810 se constituyó la Primera Junta Nacional de Gobierno de Chile, dando inicio al proceso emancipador. También repasó los posteriores vínculos de cooperación entre las fuerzas independentistas chilenas y las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Tras la ofensiva realista, numerosos patriotas chilenos encontraron refugio en territorio argentino. En Mendoza, bajo el liderazgo de José de San Martín, comenzó a organizarse el Ejército de los Andes, al que se incorporaron soldados chilenos.
Villarroel también mencionó la participación de compatriotas en las expediciones corsarias encabezadas por el almirante Guillermo Brown, así como la figura de Ramón Freire, quien posteriormente se convertiría en Director Supremo de Chile.
Para el diplomático, aquellos acontecimientos reflejan una cooperación en la que ambos pueblos comprendieron que “la libertad de uno dependía también de la libertad del otro”.
Otro de los momentos destacados del discurso estuvo dedicado a la Virgen del Carmen, figura estrechamente vinculada con la historia de la independencia chilena.
Villarroel recordó que el 5 de enero de 1817, en Mendoza, San Martín y O’Higgins, junto a oficiales y soldados del Ejército de los Andes, juraron fidelidad a la Virgen del Carmen antes de iniciar el histórico cruce de la Cordillera.
Poco después, el 12 de febrero, las fuerzas independentistas obtuvieron la victoria de Chacabuco. Al año siguiente se proclamó formalmente la Independencia de Chile y posteriormente tuvo lugar la victoria de Maipú, escenario del histórico abrazo entre San Martín y O’Higgins.
El cónsul vinculó ese episodio con el actual Día de la Hermandad Chileno-Argentina, que se conmemora cada 5 de abril desde 2005, y manifestó su intención de que Río Grande pueda sumarse a esa celebración durante el próximo año.
En otro tramo de su exposición, Villarroel sostuvo que tanto San Martín como O’Higgins concebían el proceso emancipador como un proyecto que excedía las fronteras de cada país: “Entendían la emancipación como una empresa americana”, señaló.
En ese marco recordó la creación de la primera Escuadra Nacional chilena y su posterior participación en la Expedición Libertadora del Perú. En 1820, Chile y las Provincias Unidas volvieron a unir esfuerzos para avanzar en el proceso de independencia sudamericano.
El recorrido histórico buscó mostrar así que la relación entre ambos países no se limita a la vecindad geográfica, sino que tiene raíces en acontecimientos que marcaron la conformación política de buena parte de Sudamérica.
El discurso adquirió una dimensión especialmente vinculada con Tierra del Fuego cuando Villarroel destacó el papel de Chiloé en el poblamiento de la Patagonia y del extremo austral. El diplomático recordó la incorporación definitiva del archipiélago de Chiloé a Chile durante el gobierno de Ramón Freire, acontecimiento del que este año se cumplen dos siglos.
A partir de allí resaltó el aporte de los chilotes al desarrollo de la Patagonia: “Con su esfuerzo, espíritu solidario, sentido de comunidad y extraordinaria capacidad de adaptación, contribuyeron decisivamente a la ocupación y desarrollo de la Patagonia”, afirmó.
La referencia tuvo un vínculo directo con la realidad actual de Río Grande y Tolhuin, donde numerosas familias cuentan con ascendencia chilota y mantienen tradiciones, vínculos familiares y expresiones culturales que atraviesan la frontera.
Uno de los pasajes más relacionados con la historia local estuvo dedicado a la presencia de la comunidad chilena en Tierra del Fuego: “La historia de Tierra del Fuego tampoco puede comprenderse sin la presencia de la comunidad chilena”, expresó Villarroel.
El cónsul recordó que Río Grande cumplió este año 105 años y destacó que la presencia de residentes chilenos forma parte de la historia local desde antes de la fundación de la ciudad.
Como ejemplo señaló que el 25 de octubre de 1920 el Estado chileno dispuso el traslado del Consulado desde Ushuaia hacia Río Grande. De esta manera, la representación diplomática lleva más de un siglo instalada en la ciudad: “Pocas ciudades reflejan tan claramente como Río Grande la profundidad de la amistad entre ambos pueblos”, sostuvo.
Y resumió esa realidad histórica y geográfica con una frase: “Al final del día es una isla, es solo una isla; son dos países, pero una isla”.
El recorrido histórico también alcanzó a los símbolos nacionales. Villarroel explicó que la música del Himno Nacional de Chile pertenece al español Ramón Carnicer y que su letra definitiva fue escrita por el chileno Eusebio Lillo Robles. Sin embargo, recordó que el estribillo procede de una composición anterior del argentino Bernardo de Vera y Pintado.
También señaló que durante los primeros años del proceso independentista, antes de contar Chile con un himno propio, llegó a utilizarse la canción patriótica argentina.
El diplomático explicó además por qué la principal celebración de la independencia chilena se concentra en septiembre, pese a que la proclamación formal ocurrió el 12 de febrero de 1818. Según su relato, la sucesión de distintas conmemoraciones vinculadas al proceso emancipador llevó a concentrar las celebraciones en torno al 18 de septiembre.
En el tramo final de su mensaje, Villarroel puso el foco en la identidad chilena contemporánea y sostuvo que las Fiestas Patrias representan mucho más que sus manifestaciones gastronómicas o folklóricas: “El 18 es mucho más que cueca, empanada, etcétera. Es la expresión más profunda de nuestra identidad”, afirmó.
Definió a Chile como una República unitaria y tricontinental, con presencia en América, la Antártica y Oceanía a través de Rapa Nui, y destacó una identidad construida a partir de los pueblos originarios, el legado hispánico y las distintas corrientes migratorias.
Para quienes viven fuera del país, agregó, septiembre constituye una oportunidad para renovar el vínculo con la historia, las raíces, las tradiciones y los valores compartidos.
En una reflexión más personal, el cónsul se refirió a lo que significa representar a Chile lejos de su lugar de origen: “Como todo chileno que vive en el exterior, también siento la nostalgia y la distancia”, reconoció.
No obstante, señaló que esa distancia se transforma en gratitud cuando encuentra a compatriotas que mantienen vivas sus costumbres y las transmiten a las nuevas generaciones: “Representar a Chile en Tierra del Fuego constituye para mí un inmenso honor y una enorme responsabilidad”, expresó.
Villarroel también sostuvo que amar a la patria no significa considerarla perfecta, sino asumir el compromiso de trabajar para mejorarla y dejar mejores condiciones a las próximas generaciones.
Finalmente, agradeció a las autoridades argentinas, instituciones fueguinas, colectividades y, especialmente, a los residentes chilenos en Tierra del Fuego: “Que la historia compartida que comenzó hace más de dos siglos siga inspirando para construir un futuro de cooperación, respeto y amistad entre Chile y Argentina”, concluyó, antes de cerrar su mensaje con un “¡Viva Chile!”.
Tras el acto, autoridades e invitados se trasladaron al salón del IPRA “Héroes de Malvinas”, donde se realizó un brindis de honor con representantes de las fuerzas vivas de la ciudad y la provincia. Allí también hicieron uso de la palabra el cónsul Julio Villarroel Alarcón y el intendente de Río Grande, Martín Pérez.


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