Adrián Schiavini advirtió que las jaurías de perros asilvestrados ya son “autosostenibles”

El biólogo Adrián Schiavini advirtió por el crecimiento de las jaurías y su impacto sobre el ganado. Un monitoreo detectó grupos numerosos desplazándose por el ecotono fueguino.
TIERRA DEL FUEGO01/09/202619640 Noticias19640 Noticias
Perros asilvestrados

El crecimiento de las poblaciones de perros asilvestrados vuelve a encender las alarmas en Tierra del Fuego. En diálogo con Radio Provincia, el biólogo Adrián Schiavini analizó el avance de estos animales, sus efectos sobre los ambientes naturales y la actividad ganadera, y presentó los primeros resultados de un monitoreo con cámaras trampa realizado en el ecotono fueguino.

El especialista advirtió que se están observando grupos cada vez más numerosos, con desplazamientos por amplias zonas, y señaló que el fenómeno ya no puede ser considerado un problema aislado: “Ahora estamos en una situación donde el problema está escalando, no solamente aquí en Tierra del Fuego, sino en todo el país y en Chile también”, sostuvo Schiavini.

Schiavini explicó que desde CADIC, mediante un convenio con el Gobierno provincial, se comenzó a trabajar sobre la presencia de perros asilvestrados en distintos sectores del ecotono.

El trabajo incluyó la instalación de cámaras trampa en un conjunto de estancias, desde la costa hasta sectores próximos al límite con Chile: “Nosotros desde CADIC estamos trabajando con un convenio recientemente firmado con el gobierno y lo que hemos hecho, aparte de este convenio, ya antes nos contactamos con varios productores y lo que hicimos fue instalar cámaras trampa en un abanico de estancias desde la costa hasta casi el límite con Chile”, explicó.

El objetivo es determinar si el crecimiento registrado en determinados establecimientos también se repite en otros sectores: “Lo que queremos ver es si el crecimiento que hemos visto en una estancia durante cinco años se está viendo también en las otras o es algo puntual, ¿no? Es algo puntual con un mecanismo que todavía no tenemos en claro”, señaló.

Sin embargo, los primeros resultados obtenidos desde el inicio del monitoreo muestran una situación que genera preocupación: “Lo que estamos viendo hasta ahora a partir de las imágenes que se están recuperando, esto lo comenzamos en enero, es que sí, hay grupos grandes también. Hay grupos grandes y se están desplazando por prácticamente todo el ecotono”, afirmó.

Y agregó: “Eso pone un grito de alarma porque esos grupos grandes son autosostenibles ahora. Hay nacimiento en silvestría, esos grupos son grandes, se animan a cada vez más cosas”.

Uno de los principales puntos de preocupación está relacionado con el impacto de las jaurías sobre el ganado. Schiavini señaló que en los últimos años comenzaron a observarse grupos más grandes de perros asilvestrados, algo que coincide con un incremento en los reportes de ataques a animales de producción.

Hoy estos grupos más grandes los estamos viendo cada vez más y es coincidente con el reporte cada vez más frecuente de ataques de perros silvestrados a bovinos, cosa que no pasaba tanto hace cinco o diez años”, explicó.

El biólogo describió la forma en que estos animales atacan al ganado: “Las corretean fundamentalmente. Las lastiman. Las corretean, las garronean y las corretean, entonces la vaca se estrella contra un alambrado, con un poco de suerte lo pasa”.

El daño, sostuvo, no se limita al animal atacado, ya que también puede afectar la infraestructura de los establecimientos rurales: “Si las vacas rompen los alambrados porque los perros las atacan, no podés manejar la reproducción”, advirtió.

El avance de los grupos y el aumento de los ataques generan, según Schiavini, un escenario de especial preocupación para la actividad ganadera: “Pero al margen de eso están atacando animales cada vez más grandes y lo están haciendo de forma cada vez más frecuente”, sostuvo.

A partir de esa situación, planteó una advertencia sobre el futuro de la actividad: “Entonces eso ya hace que exista la posibilidad de que la ganadería en Tierra del Fuego sea directamente inviable, en el ecotono por lo menos”.

Schiavini también hizo hincapié en una cuestión conceptual: los perros asilvestrados no deben ser considerados lobos que regresaron a su estado ancestral: “El perro no vuelve al lobo. Lo primero es reconocer que el perro no vuelve al lobo. Porque la domesticación es un proceso de miles de años, por lo tanto, retroceder en ese proceso no se hace en diez años”, explicó.

Según detalló, el perro asilvestrado continúa siendo un perro doméstico, aunque desarrolla estrategias de supervivencia al quedar fuera del contacto habitual con las personas: “Ellos saben morder, saben desgarrar, saben matar, saben correr, pero no son tan eficientes como un predador carnívoro actual, como puede ser un lobo, un coyote, un zorro”, sostuvo.

En ese contexto, explicó que los animales pueden atacar en grupo a especies que huyen: “Y en ese transcurrir de un predador ineficiente atacan en grupo a animales que corren, y los atacan solo porque corren, porque son divertidos. No porque tengan hambre”, señaló.

El especialista también analizó la situación de Chile, donde todavía existe una discusión respecto de cómo abordar normativamente el problema de los perros asilvestrados.

Según explicó, en determinadas zonas rurales chilenas existe una importante interacción entre viviendas, establecimientos productivos y ambientes naturales, lo que facilita que perros mantenidos de manera irresponsable terminen desplazándose y formando parte de grupos asilvestrados: “Entonces estos perros de las casas de las chacras, que son tenidos con tenencia irresponsable, se van al ámbito extra productivo a hacer todo lo que hacen los perros asilvestrados”, sostuvo.

Schiavini advirtió además que el fenómeno está relacionado con un contexto social y económico más amplio: “Cada vez somos más y cada vez tenemos más perros y esos perros son cada vez más descuidados, además de los problemas económicos que tiene la gente, que se da cuenta que uno puede sostener a las bocas humanas de una familia menos puede hacerse cargo de un perro”, explicó.

Como consecuencia, señaló: “Comienza a haber más perros en situación de abandono y se terminan integrando a estas manadas de perros asilvestrados”.

A diferencia de Chile, Schiavini destacó que Tierra del Fuego ya declaró al perro asilvestrado como especie dañina, lo que permite intervenir en ámbitos rurales y áreas fiscales: “Nosotros ya hemos declarado al perro asilvestrado como especie dañina. Por lo tanto, se puede actuar en el ámbito rural y en las áreas fiscales de la provincia como se tiene que hacer, que es remover al animal o removerlo vivo o muerto. No hay otra alternativa”, afirmó.

El biólogo también marcó las diferencias entre intervenir en sectores cercanos a los centros urbanos y hacerlo en establecimientos rurales alejados: “Una cosa es que vos puedas salir de una ciudad con una jaula y buscar un perro que está produciendo problemas en una chacra vecina a la ciudad, en esos ámbitos periurbanos, como los que podemos tener en Tolhuin, por ejemplo, o en Río Grande. Y otra es ir a intervenir en un problema que está sucediendo a 200 kilómetros de Río Grande o a 100 kilómetros”, explicó.

Finalmente, Schiavini destacó que todavía existe poca información científica sobre la ecología de los perros asilvestrados en libertad, por lo que el monitoreo que se realiza en Tierra del Fuego puede aportar información relevante: “Hay muy pocos estudios sobre la ecología del perro silvestrado en libertad. Hay realmente muy poco”, señaló.

En ese sentido, explicó que el seguimiento permitirá aportar datos sobre el comportamiento de los grupos a largo plazo y cuestionó una de las ideas que aparece habitualmente en la literatura sobre estos animales: “Lo que la literatura dice normalmente que los perros silvestrados se portan como lobos, como manadas. Y eso no es así. No es así. No estamos viendo eso. El lobo es otra cosa”, concluyó Schiavini.

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