El reciente ataque que le costó la vida a 120 corderos cerca de la ciudad de Río Grande no es un hecho aislado, sino una señal de la creciente presencia de perros asilvestrados en Tierra del Fuego. El biólogo del CADIC y becario del CONICET, Emiliano Arona, advirtió que “la población de perros asilvestrados en Tierra del Fuego no solo existe, sino que crece de manera exponencial, se reproduce sin intervención humana y ya genera impactos productivos, ambientales y sanitarios de escala crítica”.
En ese marco, el investigador señaló que “desde que empezamos el trabajo a fines de 2018 hasta ahora aumentó más del 1000% la actividad registrada de perros”, basado en monitoreos con cámaras trampa en cinco estancias que abarcan 40.000 hectáreas, donde identificaron más de 210 animales y jaurías de hasta 17 individuos. “No es una percepción, es un proceso en expansión”, remarcó.
Arona explicó la dimensión del daño "apenas dos perros en el ataque dejaron más de un centenar de corderos muertos. Dos perros tienen toda la capacidad de hacer ese desastre”.
El biólogo detalló la razón biológica "el perro desciende del lobo y conserva intacta la capacidad de caza en grupo, cuando se asilvestra, es decir, cuando nace y crece sin contacto humano, deja de ser un animal doméstico y se convierte en un depredador plenamente funcional”.
Actualmente "las poblaciones de asilvestrados hoy se mantienen por sí solas”, advirtió Arona, y agregó que “en las cámaras se registran cachorros nacidos en el campo. Eso significa que el ecosistema ya ofrece refugio y condiciones suficientes para que se reproduzcan sin intervención humana”.
El problema ya no depende únicamente del abandono urbano "las ciudades somos la fábrica de perros”, sostuvo, y alertó que “si erradicás los perros del campo pero no reforzás la tenencia responsable en las ciudades, en unos años vuelven”.
Sobre las limitaciones para controlarlos, explicó que “las herramientas disponibles están desbordadas, los municipios tienen perreras saturadas, caniles con animales que pasan años encerrados y sin adopción y las protectoras no dan abasto, no hay capacidad para capturar perros asilvestrados vivos ni posibilidad real de reinsertarlos socialmente”. Y advirtió "un perro nacido en estado salvaje no puede reconvertirse en mascota, no hay romanticismo posible en eso”.
Respecto a la intervención estatal, el biólogo fue claro "mo se trata de salir a matar perros, sino de reconocer que debe existir dentro de la caja de herramientas del Estado una política que permita intervenir cuando otras alternativas son inviables. El debate es antipático, pero la omisión también es una decisión”.
En cuanto a recursos disponibles, señaló que “la ley 1146 prevé financiamiento para abordar el problema, equivalente al 50% del impuesto inmobiliario rural, el monto ronda los 7.000 dólares para un fenómeno que creció más de 1000% en cinco años”, aunque agregó que “parte de esos recursos ni siquiera se estarían ejecutando, por lo tanto, sin presupuesto adecuado ni decisión política, cualquier plan es retórico”.
Emiliano Arona concluyó advirtiendo que “revertir lo que creció en cinco años va a llevar mucho más que cinco años” y advirtió que “si no se actúa ahora, la producción ovina podría desaparecer, la fauna silvestre seguirá perdiendo terreno, y el riesgo para las personas dejará de ser hipotético”.
Para finalizar, recordó que “una crisis que se posterga se vuelve más cara y más dolorosa, cuanto más se la niega”.