
Un equipo de paleontólogos del CONICET, en colaboración con investigadores de Estados Unidos, descubrió en el norte de Río Negro un fósil de aproximadamente 95 millones de años que permite replantear lo que se sabía sobre los alvarezsaurios, un grupo de pequeños dinosaurios carnívoros. Por la relevancia científica del hallazgo, los resultados fueron publicados en la revista Nature.
El ejemplar fue hallado en el área fosilífera de La Buitrera y corresponde a la especie Alnashetri cerropoliciensis. Si bien un primer ejemplar —mucho más incompleto— había sido identificado en 2004 en la misma formación geológica, el nuevo fósil se destaca por su grado de preservación y por estar casi completo.
Los alvarezsaurios surgieron hace unos 150 millones de años y se caracterizan por su pequeño tamaño, cuerpos livianos y brazos reducidos. En especies más tardías, estos miembros anteriores llegaron a tener un solo dedo funcional con una garra robusta, lo que llevó a muchos especialistas a suponer que se alimentaban de insectos, excavando termiteros como los osos hormigueros. Sin embargo, el nuevo descubrimiento pone en duda esa hipótesis.
“Las hipótesis filogenéticas recuperan a Alnashetri como uno de los alvarezsaurios más basales, incluso más basal que algunas formas conocidas del Jurásico Superior. Esto implica que, apenas se origina el grupo en Pangea se dispersó a través del supercontinente”, señala Jorge Meso, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN) y uno de los autores del estudio.
El análisis anatómico permitió además identificar como integrantes de este linaje a fósiles que estaban catalogados de manera incierta en colecciones de museos, incluyendo ejemplares hallados en Estados Unidos y el Reino Unido. Esto ayuda a completar un vacío en el registro fósil del grupo durante el Cretácico temprano y medio.
El nuevo espécimen, apodado “Alna”, medía unos 70 centímetros de largo y pesaba alrededor de un kilogramo. A diferencia de sus parientes más evolucionados, tenía brazos relativamente largos y dientes propios de un depredador generalista. Esta característica resulta clave para comprender su evolución.
“Hasta ahora se pensaba que el grupo se había ido especializando en la mirmecofagia, es decir, en comer hormigas y termitas, y se consideraba que esta era la razón de que se hubieran vuelto pequeños. En Alnashetri vemos que su mano sigue siendo todavía la mano de un dinosaurio carnívoro relativamente típico y que sus dientes son los de un predador normal que no se alimenta de hormigas. Sin embargo, era también un dinosaurio diminuto, del tamaño de una gallina aproximadamente. Esto nos muestra que estos dinosaurios no se hicieron pequeños en relación al cambio de dieta, sino que siempre fueron de escaso tamaño”, señala Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET y uno de los responsables del hallazgo.
El estudio histológico determinó que el ejemplar tenía al menos cuatro años al momento de morir y que su crecimiento ya se había desacelerado, por lo que se trataría de un individuo casi adulto. Además, los investigadores sugieren que podría haber sido una hembra que ya había desovado.
Para los científicos, el descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la diversidad de dinosaurios en Sudamérica, sino que también aporta información fundamental para entender cómo evolucionaron y se dispersaron estos pequeños carnívoros a lo largo de distintos continentes.











