Qué es la hiperplasia prostática benigna y por qué es clave el control urológico a partir de los 50

El urólogo Enzo Ariel Czachurski explicó cuáles son los síntomas más frecuentes, cómo se diagnostica y qué tratamientos existen para una condición común del envejecimiento masculino.

RÍO GRANDE02/02/202619640 Noticias19640 Noticias
hiperplasia prostática benigna

La hiperplasia prostática benigna (HPB) es una de las consultas más habituales en urología y afecta principalmente a hombres mayores de 50 años. Se trata del agrandamiento progresivo de la próstata, un fenómeno ligado al envejecimiento, que impacta directamente en la forma de orinar. En diálogo con AIRE LIBRE FM, el médico urólogo Enzo Ariel Czachurski señaló que “es el principal responsable de los cambios que los hombres empiezan a notar al momento de orinar”.

Entre los síntomas más comunes, el especialista mencionó la disminución de la fuerza del chorro urinario, la intermitencia, la sensación de vaciado incompleto de la vejiga y la necesidad de levantarse varias veces durante la noche para orinar. Este último, explicó, es uno de los signos que más deteriora la calidad del descanso y la vida diaria de los pacientes.

Czachurski remarcó que la aparición de estos síntomas suele ser lenta y progresiva, lo que lleva a que muchos hombres los naturalicen. “Cuando consultan, suelen decir que los síntomas empezaron hace poco, pero al profundizar, notamos que llevan mucho más tiempo”, explicó, y subrayó la importancia de realizar controles urológicos anuales desde los 50 años, aun cuando las molestias sean leves. En ese sentido, advirtió que “el órgano que más sufre las consecuencias de la obstrucción prostática es la vejiga, que debe hacer cada vez más fuerza para vaciarse”, lo que puede derivar, si no se trata a tiempo, en una retención urinaria aguda que requiere la colocación urgente de una sonda.

En cuanto al diagnóstico, el urólogo destacó que se basa en estudios simples y no invasivos, como análisis de laboratorio, ecografía y uroflujometría, que permite medir la fuerza y el caudal del chorro urinario. “Muchos pacientes no consultan por miedo, pero la realidad es que son estudios simples que nos dan la información necesaria para decidir el mejor tratamiento”, aseguró.

Respecto a las opciones terapéuticas, Czachurski explicó que la medicación suele ser la primera alternativa. “No reduce el tamaño de la próstata, pero alivia los síntomas y mejora la micción”, aclaró, y señaló que se trata de tratamientos crónicos que ofrecen buenos resultados en la mayoría de los casos. La cirugía, indicó, se reserva para situaciones puntuales, cuando la medicación no es efectiva o cuando el paciente no desea sostener un tratamiento farmacológico prolongado. “No todo el que orina mal tiene que operarse”, enfatizó, al tiempo que señaló que existen diversas técnicas quirúrgicas, abiertas y endoscópicas. “No hay una técnica que sea la mejor para todos; lo fundamental es elegir correctamente al paciente”, sostuvo.

Por último, el especialista aclaró que la hiperplasia prostática benigna no es lo mismo que el cáncer de próstata, aunque ambas patologías pueden coexistir. “Son enfermedades distintas, aunque pueden coexistir, por eso el control anual es clave”, explicó. En relación al PSA, remarcó que su interpretación siempre debe quedar en manos del urólogo y dejó un mensaje claro para la población masculina: “El mensaje es simple: si hay cambios al orinar, no hay que normalizarlos ni postergar la consulta. Detectar el problema a tiempo evita complicaciones y mejora la calidad de vida”.

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